Editorial Noviembre 2009

- Irving Penn -

 

Iniciamos esta nueva etapa de Photografos recordando al maestro Irving Penn. Nacido en 1917 y fallecido el pasado mes de Octubre (7-10-2009).

Penn trabaja para la revista Vogue como ilustrador, plasmando la belleza de las excepcionales modelos que pare él posan trabajando, preferentemente, el blanco y negro.

No obstante, un humilde observador, estima que sus mejores imágenes son los retratos de los personajes, sin algunos de los cuales el siglo XX tendría otro sentido, a los que coloca con fondos extremadamente sencillos y con iluminaciones muy elementales, dejando patente algún carácter que resalte la personalidad del protagonista.

Penn viaja por Méjico, donde vive una temporada dedicándose a la pintura, sin dejar la fotografía, para asombrarnos, más adelante, con sus imágenes de aborígenes africanos, gentes llanas de Nepal, España, Marruecos, Creta, Escocia o Portugal.

Sus retratos son profundos, desnudan el alma de sus sujetos, captan la belleza de los modelos y la elevan a obra maestra.

Utiliza un atrezo escasísimo por no decir inexistente y resalta, solo con luz, ese detalle intimo que cautiva al espectador y le lanza a través de la personalidad del modelo, haciendo que se funda con él en el entendimiento de sus más íntimos pensamientos.

La imagen de la joven camerunesa de la izquierda, me cautivo nada más verla. ¡¡Que sencillez!! Cuanta profundidad en la pose, en la mirada. Que natural, sin afectaciones de ningún tipo.

Resulta cautivadora, la mirada de nuestro Picasso. Esa mirada que atraviesa el alma y te atrapa. Y que bien la capta Penn. Parece que esta penetrando con su vista en la esencia del observador para sacarle sus entrañas espirituales y plasmarlas, retorcidas, en uno de sus lienzos.

Y cuando observo a esa familia de gitanos, GITANOS con mayúsculas, me retrotraigo a esos años cincuenta y tantos y sesenta, donde la dignidad convivía con la pobreza, el honor con el miedo y la gallardía con las frías noches de esa España profunda, real y tenebrosa al mismo tiempo, mientras se gestaban los celebérrimos planes de desarrollo. Y Penn, venido del entonces primer mundo, lo plasma en sus fotos como si lo hubiera vivido en sus propias carnes, como si esas imágenes fuesen inquilinas de su alma.

 

 

 

Gracias Irving por dejarnos tanta belleza. Nos veremos al otro lado de la luz.